Volkswagen y el pozo negro de la confianza

volkswagenTenía esta entrada preparada hace varios días, pero por un problema con el proveedor de alojamiento del blog principal no he podido publicarla antes. Espero que a pesar del retraso siga siendo de interés.

No se habla de otra cosa en el mundo del automóvil. El fabricante alemán Volkswagen está siendo el protagonista del mayor escándalo en la historia de esta industria. La razón está en que se ha descubierto que la empresa ha estado trucando las mediciones de emisiones contaminantes de sus coches durante años. Todos los coches deben pasar por estos exámenes para poder asegurar que los modelos cumplen las normas en vigor en la unión europea y son éstos los que se han estado manipulando durante bastante tiempo.

A pesar de que es sabido que son precisamente los automóviles uno de los principales causantes de la contaminación causada por el hombre, yo pensaba que los fabricantes estaban concienciados en la búsqueda de modelos con menor huella de carbono, aunque fuera por puro marketing. Estos hechos dejan claro que algunos prefieren desarrollar trucos antes que trabajar en mejorar los niveles de emisiones de verdad.

En mitad de todo el escándalo tenemos un software que utilizaba Volkswagen. Este software era el que permitía falsear las mediciones de emisiones ya que era capaz de detectar que el coche estaba siendo sometido a una prueba, pasando en ese momento los coches a otra configuración. Cómo no, no podemos saber cómo funcionaba este software ya que su código fuente es totalmente cerrado.

Y aquí está la clave que me ha llevado a escribir esta entrada. Como ya he dicho en repetidas ocasiones todo proceso que quede detrás de un software cerrado escapa fácilmente a nuestro control, ya que nadie puede saber qué está haciendo durante su ejecución. En el caso de Volkswagen no teníamos otra que creer en su palabra. ‘Nuestros coches cumplen con la normativa en cuanto a emisiones, como demuestran los resultados de las mediciones’. Esta frase no se la he oído decir a ningún portavoz de la empresa, es mía, pero hasta ahora nadie ha tenido opciones de poner la credibilidad de dicha afirmación en duda. Ante cualquier proceso que se base en un software cerrado quedamos presos de la confianza que tengamos en quien lo esté usando. Por desgracia el tiempo ha demostrado más de una vez que la confianza es muy poca garantía.

Normalmente, si una empresa puede tomar atajos, sin duda los va a tomar, ya que al fin y al cabo nadie va a darse cuenta. Siempre he dicho que para luchar contra esto es indispensable el uso de software libre. En este caso, en el que estamos ante un software para demostrar que se cumplen ciertas leyes, éste debería ser libre si queremos que quien escribe y debe hacer que se cumplan tenga las herramientas necesarias para ello. Cualquier software que se use en la administración pública debe ser también libre de forma que la ciudadanía sepa qué se hace con sus datos. De otra forma estaríamos de nuevo en el oscuro pozo de tener que confiar.

Antes de que el escándalo saliera a la a luz no podíamos pensar que Volkswagen estaba engañando a todo el mundo. Hoy los hechos han dejado todo más que claro y los alemanes han perdido todo el prestigio que tenían de un plumazo. Ahora pensemos en todas las empresas que trabajan con software cerrado. Google, Amazon, Microsoft, Facebook, Twitter y otros muchos servicios recolectan a diario datos sobre nosotros. Nuestros coches conocen cada vez mejor a dónde y cómo nos movemos. Nuestras televisiones escuchan todo lo que hablamos en nuestros salones, al caminar por las ciudades tenemos cientos de cámaras siguiendo nuestros pasos…

Pero bueno, no tenenos ninguna razón para pensar que se están usando los datos recolectados de forma peligrosa, ¿verdad? Por desgracia nunca lo sabremos.

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La industria de la publicidad necesita un cambio de rumbo, Internet está en juego

Times Square NYC

Times Square NYC

Hace poco hablé de las ventajas y desventajas que tiene el trabajar sobre plataformas de terceros mencionando el ejemplo de la actitud que ha tomado Google con los bloqueadores de anuncios que operan en sus plataformas. Pues bien, parece que el mundo de la publicidad estará movido de aquí en adelante ya que está generando muchas noticias últimamente.

El caso es que los bloqueadores como AdBlock son cada vez más populares entre el público y esto empieza a ser un problema para prácticamente el cien por cien de los servicios más conocidos. Es bien sabido que Facebook, Twitter, todos los servicios de Google, páginas de noticias, aplicaciones para móviles etc. se ofrecen de forma gratuita para luego conseguir beneficios mediante el estudio de los hábitos de los usuarios y la presentación de publicidad a los mismos. Se puede decir que sin la industria de la publicidad el Internet que conocemos hoy no existiría y que las empresas que actualmente tienen ganancias de cientos de millones estarían muertas. No hay más que ver el porcentaje que viene de los anuncios dentro del total de beneficios que consigue Google año tras año para entender la importancia que tiene este negocio.

Siendo ésta la situación, y viendo que cada vez más usuarios optan por bloquear los anuncios los nervios han empezado a aflorar en la industria pensando en como poder salvar la situación. Como sucede en estos casos se ven opiniones de todos los colores y algunas de ellas son bastante extremistas: la idea más loca que he podido leer se basa en cerrar el acceso a todos los usuarios con bloqueadores instalados a los 100 sitios más populares de la red el mismo día, una medida que sería claramente tirar piedras a sus propios tejados. Otras opciones van más por el camino de poner la presión sobre los desarrolladores de bloqueadores mediante denuncias.

La misma Google que he mencionado al principio se ha vuelto a poner manos a la obra en la defensa de la publicidad llevando esta vez el campo de batalla a YouTube. Al parecer se está inhabilitando la extensión a todos los usuarios que llegan al popular sitio de vídeos desde Chrome y éstos están empezando a ver publicidad. No sólo eso, la opción que da YouTube de cerrar el anuncio unos segundos después de que haya empezado no está disponible en estos casos por lo que los usuarios se ven en la obligación de ver vídeos de hasta tres minutos.

Desde mi posición, estando más cerca del usuario veo con sorpresa que las ideas que suenan con más fuerza suponen crear confrontación, que no hay una búsqueda de soluciones positiva para todas las partes. De momento no se ven movimientos que no sean deshabilitar los bloqueadores, cortar el servicio a aquellos que los tengan instalados o, peor aún, obligarles a ver los anuncios más largos sin posibilidad de cerrarlos en un alarde de actitud vengativa. Unas soluciones, todas ellas, que en mi opinión son bastante torpes ya que crean un problema mayor que el que pretenden solucionar.

Diría que los que están a favor de los anuncios tal y como los conocemos hoy no están haciendo el esfuerzo de mirar más allá de sus narices. En vez de intentar combatir la ‘desvergüenza’ de los usuarios con medidas represivas deberían mirar cuál es el estado actual de la industria para poder concluir si los primeros pasos a tomar están en sus tejados. La primera pregunta que hacerse debería ser por qué los usuarios están bloqueando anuncios. ¿Seguirían éstos usando los AdBlock y similares sin importar como fueran los anuncios? ¿Estamos seguros de que no hay un formato mejor que esos anuncios a pantalla completa que tapan todo el contenido durante unos segundos? Cuando la gente entra en un sitio web es porque están buscando algo y poner este tipo de trabas de buenas a primeras no parece la mejor forma de empezar a relacionarse con los visitantes.

¿Tener que soportar un anuncio de un minuto antes de poder ver un vídeo que dure tres es algo asumible o es excesivo tener que esperar un tercio de la duración del vídeo que nos interesa para un servicio que pretende ser de calidad?

¿Supone un ataque a la privacidad de los usuarios que al entrar en cualquier web haya decenas de empresas que rastrean al usuario con el fin de obtener información para poder dirigir publicidad?

Con esto no estoy diciendo que haya que cambiar Internet por completo mediante la total eliminación de la publicidad. Una medida así no contentaría a nadie ya que las empresas tendrían verdaderos problemas para continuar con sus negocios y los usuarios no aceptarían tener que pagar por servicios que ahora obtienen sin coste. Sin embargo, las cosas no son negras o blancas y poner toda la carga sobre los hombros de usuarios y bloqueadores de anuncios no parece lo más justo. La industria de la publicidad tiene mucho en lo que mejorar en cuanto a mejorar la experiencia de usuario y por lo tanto debería empezar por arreglar estos fallos para ver si así se reconduce la situación. De hecho AdBlock no elimina todos los anuncios de la web sino solamente aquellos que no cumplen con su código de aceptación. ¿Por que no mejorar la experiencia que ofrece la publicidad en lugar de atacar a los demás?

Desde el lado de los usuarios también debería de haber una reflexión. La gente piensa que los servicios que usan todos los días han caído del cielo para asegurarles su disfrute pero la realidad muestra que detrás de estos servicios hay empresas, empresas que pretenden ganar dinero. Si no te gustan los anuncios utiliza un servicio de pago, si la privacidad es importante para ti busca un servicio que no recolecte información sobre tus hábitos. Una cosa es segura, no se puede tener todo y si quieres usar los servicios más conocidos tendrás que aceptar sus normas, eso sí, sin que esto suponga que no puedas exigir un servicio de calidad.

Desarrollando una aplicación Firefox OS

TinyRSSLa llegada del iPhone de Apple supuso el inicio de una nueva era en el mundo de la tecnología. La empresa de Cupertino le dio a su nuevo producto una tienda de aplicaciones de forma que los desarrolladores pudieran ayudar a enriquecer la plataforma. En realidad no inventó nada nuevo ya que por ejemplo los repositorios de software de Linux ya eran de sobra conocidos, pero sí es cierto que abrió un nuevo mercado de miles de millones.

Hoy en día no puede imaginarse una plataforma móvil si no tiene una tienda de aplicaciones. Por ello, después de la de iOS pronto vino la tienda para Android e incluso ya tenemos a Microsoft luchando con su tienda para Windows Phone. Las tres recién mencionadas son las tiendas más conocidas pero hay actores más pequeños que también están tratando de empujar sus propuestas, entre los que se encuentan Firefox OS, el sistema operativo basado en estándares web desarrollado por Mozilla. Obviamente, éste también viene con su tienda de aplicaciones pero a diferencia de lo propuesto por los más grandes, las aplicaciones de Firefox OS se diferencian en que no son aplicaciones nativas para un sistema operativo concreto, si no simplemente aplicaciones web.

Este hecho tiene algunas ventajas como el hecho de que debería ser relativamente sencillo convertir una aplicación web ya existente en una app para Firefox OS. Además, como el sistema está basado en estándares web nos encontramos abre una plataforma abierta que tendría que suponer un menor control de la misma por parte de Mozilla. Como ya dije en una entrada anterior, crear aplicaciones sobre la plataforma de terceros te va a obligar a aceptar ciertas normas pero en el caso de Mozilla éstas deberían ser menos restrictivas.

Cómo no, todo no pueden ser ventajas. En este momento hay dos actores principales que controlan el mercado móvil: Android y iOS. Si la mismísima Microsoft tiene verdaderos problemas para conseguir dar tracción a sus Windows Phone es fácil imaginar el panorama que tienen los actores más pequeños como el propio Firefox OS o Ubuntu Touch. Al menos de momento estas plataformas no son rentables simplemente porque tienen una cuota de mercado demasiado pequeña por lo que nadie puede asegurar la supervivencia de estos sistemas de segundo nivel.

Y aquí es donde aparezco yo con mi aplicación: Tiny RSS. Esta aplicación es un cliente para un software open source que gestiona feeds RSS llamado Tiny Tiny RSS (lo sé, no he sido demasiado original al pensar el nombre). Cuando Google decidió cerrar Reader me vi en la necesidad de escoger entre otro servicio enteramente alojado en internet, como podría ser Feedly, o intentarlo con una opción con la que tuviera un mayor control. Así es como conocí Tiny Tiny RSS y desde entonces es mi gestor de suscripciones RSS. Cuando vi que el sistema ofrecía una API y me di cuenta de que las aplicaciones existentes para Firefox OS no eran muy completas me decidí a desarrollar Tiny RSS.

La aplicación se ofrece bajo licencia GPLv3 y el código del proyecto puede encontrarse en Github (el proyecto es un fork de otra aplicación desarrollada por Jeena pero a día de hoy no tienen ninguna similitud entre ellos). La aplicación no está ni mucho menos terminada pero sí ofrece un uso básico. Además es posible usarlo en Android siempre y cuando se tenga instalado el navegador Firefox para dicho sistema operativo (Firefox para Android permite instalar apps Firefox OS como si fueran aplicaciones nativas de Android). Cómo no, será necesario tener una instalación propia de Tiny Tiny RSS para que el cliente pueda gestionar feeds. En cuanto a idiomas, y como sucede con este blog, la aplicación puede usarse en Euskara, Castellano e Inglés.

La creación de este proyecto se sustentaba en ir entrenando en el desarrollo web y la posibilidad de sacar rendimiento económico del mismo me importaba bien poco. Simplemente he querido hacer una app open source usando Angular.js sobre una plataforma open source. Si alguien está interesado, el código se puede encotrar en mi perfil de GitHub (son bienvenidos avisos de errores encontrados, propuestas de mejora del código o nuevas ideas para desarrollar en la sección Issues) y la propia aplicación está disponible en Firefox Marketplace (recordad, la app está disponible no sólo para Firefox OS, también para móviles Android con el navegador web Firefox instalado).

Jardines vallados y dependencia (otra vez)

Disconnect-Nexus-5Después de un periodo falto de inspiración vuelvo a la carga al hilo de una decisión sobre su plataforma tomada por Google hace algunas semanas.

El caso es que hemos vuelto a ver un suceso que ya se había dado con anterioridad, Google ha decidido cerrar una de las aplicaciones que componen su ecosistema, a pesar de que al parecer ésta cumplía a rajatabla las normas para ser parte de ella. La dichosa aplicación se llama Disconnect y es unas herramienta que intenta proteger nuestra privacidad mientras navegamos. Parece que las razones de fondo que tiene la empresa de Mountain View para el cierre se basan en que la aplicación va contra sus intereses. No hay que olvidar que el negocio de esta empresa se sustenta en obtener cuanta más información mejor de sus usuarios de forma que pueda hacer dinero mediante la publicidad.

No es la primera vez que se genera una polémica de este tipo. La propia Google ya dejó de aceptar algunas herramientas que bloqueaban anuncios, a pesar de que éstas eran muy populares entre el público. Dejando de lado al buscador, el caso de Twitter es también muy conocido. La plataforma de mensajes cortos creció mucho en su día, principalmente gracias al ecosistema de aplicaciones que apareció a su alrededor. Un día, sin embargo, Twitter tuvo que rentabilizar su servicio y esto supuso tomar decisiones que causaron la destrucción del ecosistema.

Estos ejemplos muestran a las claras los peligros que tiene crear un modelo de negocio basado en plataformas de terceros. Estar en las tiendas de aplicaciones de Android, iOS o Windows Phone o hacer aplicaciones para Twitter y Facebook requiere aceptar las normas. No sólo eso, hay que tener muy en cuenta que estas normas pueden cambiar en cualquier momento, ya que muchas veces estos cambios hacen imposible la existencia de nuestro modelo de negocio.

Si esta situación es buena o mala tiene que decidirlo cada uno. Podemos empezar a gritar cuando nos cambian el escenario, o podemos llorar, pero en el momento en el que decidimos montar un negocio de este tipo declaramos que sabíamos que nos podríamos encontrar ante la necesidad de afrontar un cambio así. A mí personalmente no me gusta estar condicionado por los intereses de un tercero, pero no es menos cierto que estas plataformas ofrecen unas facilidades inmensas para entrar en un mercado de millones de personas.

Es verdad, es una pena que después de poner todos los esfuerzos en un producto todo el trabajo se vaya a pique de la noche a la mañana, sólo porque los intereses de algunos no están alineados con los tuyos. Al entrar en el mundo de las aplicaciones y de los diferentes ecosistemas, por tanto, como mínimo hay que saber donde se esta uno metiendo para que este tipo de cosas no le pillen por sorpresa.

Es esto, o directamente trabajar en una plataforma que no controla nadie, claro.

Esto no es Internet, Mark

internet-org-logo-desarrolloSi tratásemos al número de usuarios que tiene Facebook como población, éste sería uno de los países más grandes del mundo. Sin duda un servicio indispensable para para la gente que tiene acceso a la red y, al fin y al cabo, un gigante que no necesita presentación. Además de por el éxito que ha conseguido, Facebook es bien conocido por la actitud ‘relajada’ que tiene ante la privacidad. Viendo sus características no podemos olvidar que el final de la privacidad sería una buena noticia para esta red social ya que ésta tiene el objetivo de que se conozca absolutamente todo de absolutamente todo el mundo.

Han sido numerosos los escándalos relacionados con la privacidad que ha protagonizado Facebook pero hoy no vengo a tratar este tema. Hoy quiero hablar sobre un concepto que últimamente ha estado recibiendo el ataque de la empresa que nos ocupa: la neutralidad de la red.

Existe un programa apoyado por Facebook y llamado Internet.org. Su misión es llevar el acceso a Internet a los países más pobres de forma que sus habitantes puedan usar la red sin tener que pagar por su acceso. En principio parece que estamos ante una iniciativa digna de alabar por parte de la compañía dirigida por Mark Zuckerberg, pero en este proyecto no es oro todo lo que reluce.

En realidad Internet.org no provee de acceso a Internet, sino a un subconjunto de ella. En otras palabras, ofrece acceso sólo a algunos sitios y aplicaciones web dejando fuera al resto de las opciones existentes. Por lo tanto las personas que se conecten mediante este programa verán su tráfico limitado en base a la naturaleza o el destino del mismo, algo prohibido si se quiere garantizar la neutralidad de la red.

La forma actual que tiene el proyecto Internet.org ha cosechado numerosas críticas y esto hizo que Zuckerberg diera algunos pasos hacia atrás.  Se tomaron algunas medidas que se basaban en facilitar el acceso al programa de otras empresas y servicios pero aún así es necesario cumplir ciertos criterios de aceptación, cosa que ha hecho que los cambios sean vistos como insuficientes por las voces críticas.

La importancia de la red en nuestras vidas y nuestro futuro se ha fundamentado en su naturaleza descentralizada y el hecho de permitir la libre circulación de información entre sus nodos. Llevamos ya años escuchando ideas de esos que pretenden poner coto a esta libertad, a veces por mero negocio y otras veces para causar efectos más dañinos en la sociedad. Mark, no importa con qué argumentos defiendas Internet.org, la realidad deja bien claro que no es compatible con las características más básicas de la red, que no es Internet. Estamos hablando sobre un jardín vallado en el que una empresa controla el flujo de información, un proyecto que busca introducir millones de personas más al mundo Facebook escondido tras una careta de solidaridad.

El punto que más me preocupa de este asunto es que lleguemos a tener un debate sobre ese Internet controlado por unos pocos, y no precisamente porque crea que el debate sobre, sino porque pienso que este tema no debería originar ni un debate. Internet es uno de los inventos más importantes de la historia y hacer cualquier cambio que modifique su naturaleza supondría dar pasos de gigante hacia atrás.

Hoy el centro de la tormenta es Facebook, y el daño que puede hacer es “sólo” cerrarle mercados a su competencia. ¿Qué pasará cuando el estado que quiere controlar la información y las opiniones de la sociedad ponga la neutralidad de la red en su punto de mira? ¿Qué haremos si sólo podemos ver lo que alguien quiera a través de la red?

Podemos esperar un final de año caliente en la industria de la música

La música y el imperio que ha crecido en torno a ella siempre ha dado para muchos debates, sobre todo después de que se expandiera ese invento llamado Internet. Como digo cada vez que hablo sobre esta industria, las cosas cambiaron para siempre impactando a todos los que hacen negocio alrededor de la música.

Los hábitos de consumo y distribución sufrieron una revolución y la importancia que tenían los discos físicos se evaporó en poco tiempo. Primero llegaron las redes P2P, que permitían compartir música escapando totalmente al control de las discográficas y que dieron para numerosas polémicas y procesos judiciales. Más tarde, con el desarrollo de los servicios de conexión a Internet, conocimos los servicios de música en streaming. Este paradigma que tiene como su máximo exponente a Spotify es el principal modo de consumo de música en la actualidad y permite que las discográficas tengan un mayor control sobre la distribución. Es cierto que este modelo no les da el poder absoluto que tenían en la época en la que se dedicaban a vender plástico pero al menos no les supone tener un mundo paralelo como el que propiciaron herramientas como Napster.

Parece que con esto la industria habría encontrado una forma de subsistencia, pero en realidad su sed no se ha visto satisfecha. El negocio de la música sigue siendo una lucha a vida o muerte, no sólo por la competencia entre discográficas, sino también por la lucha que éstas mantienen contra sus propios clientes. Esto sin mencionar que el esquema de ingresos al que tienen que hacer frente es mucho menos favorable ahora.

Antes he mencionado a Spotify, sin duda el servicio de música en streaming más conocido. A pesar de ello, su posición de liderazgo no le asegura la rentabilidad. De momento no existe ningún servicio de este tipo que esté dando beneficios ya que resulta bastante complicado conseguir una base de usuarios de pago. Por ejemplo, de los 60 millones de usuarios de Spotify, 45 hacen uso de la modalidad gratuita del servicio, que se financia con publicidad. El ofrecer la música de forma gratuita fue una concesión que tuvo que hacer la industria para luchar contra las redes P2P puesto que quedó más que claro que el esquema de precios imperante anteriormente ya no era aceptado por los clientes.

Por todo esto, no parece que en el mundo de la música el descubrimiento de este nuevo modelo de negocio sea considerado como una salvación. El debate sobre los beneficios que obtienen los músicos de estos nuevos servicios siempre ha estado sobre la mesa. De hecho hay casos muy sonados de artistas que dejan Spotify por esta razón como Taylor Swift o Thom Yorke. Y aquí entramos en un punto interesante: ¿Paga poco Spotify o es que el dinero se reparte entre demasiados intermediarios? No tengo los datos necesarios como para dar una respuesta pero lo que sí es cierto es que Spotify paga directamente a las discográficas para que sean éstas las que se encarguen de repartirlo como crean conveniente. Sería bastante interesante estudiar el flujo del dinero una vez lo reciben las discográficas.

Ante esta situación los artistas no se han quedado de brazos cruzados. Últimamente se ha hablado mucho sobre Tidal, un servicio de música alternativo que tiene detrás a varios músicos y cuyo principal punto diferenciador es que quiere pagar un mayor porcentaje a sus colegas. Para ello Tidal prescinde de un modelo gratuito y se lanza a ofrecer una suscripción de 10 dólares mensuales que quiere justificar ofreciendo no sólo música, sino también videoclips a una calidad mayor que sus competidores. En mi humilde opinión esta elección no es demasiado acertada ya que creo que el pretexto de la calidad no va a ser suficiente para convencer a los usuarios de que merece la pena pagar.

Continuando con los modelos gratuitos, parece que esta forma de ofrecer música tiene cada vez más enemigos. Y es que parece que el nuevo dueño del eternamente esperado servicio Beats Music, el gigante Apple ni más ni menos, está presionando para que Spotify elimine su modalidad sin coste. Al parecer esta actitud tiene el objetivo de facilitar la llegada al mercado de Beats, ya que este llegaría bajo suscripción. No sé hasta qué punto se le puede dar veracidad a este rumor, yo al menos veo bastante complicado que el resto de servicios modifiquen sus ofertas porque lo diga Apple, a no ser que la empresa de Cupertino tenga una baza desconocida con la que presionar. En cualquier caso, parece evidente que Beats llegará durante el 2015 y a buen seguro traerá alguna idea interesante que animará el sector.

No sabemos hacia donde se moverá la industria musical pero está claro que el camino no será para nada tranquilo. Veremos juicios sin descanso como ha pasado en la última década. Que se lo pregunten si no a los dueños de Grooveshark. Después de un proceso judicial de varios años los responsables del servicio han llegado a un acuerdo con los poseedores de los derechos musicales por lo que se han visto obligados a cerrar sus puertas. No sólo eso, si uno lee el comunicado de la empresa afectada se podría pensar que la sentencia les obligaba a autoflagelarse.

Muchos servicios, mucho debate pero sobre todo mucha gente con ganas de escuchar música. La industria de la música no volverá a ser la misma, la situación de la que disfrutaban hace diez años no se va a dar otra vez y por lo tanto está en sus manos tomar la decisión de adaptarse al nuevo escenario o quedarse atrás. Hay una cosa que deberían tener clara, y es que si bien no todos van a estar dispuestos a pagar, los usuarios no van a dejar de escuchar música y los que quieran vivir de esto tendrán que estar preparados con un servicio decente cuando lleguen aquellos usuarios que sí van a mover su bolsillo.

Spotify, Beats, Tidal, Xbox Music, Google Play Music, Pandora, Rdio… Quizás demasiados servicios, y más si todos ofrecen lo mismo. Me atrevo a vaticinar que al final quedarán unos cuantos vencedores y el resto tendrá que rendirse ante la evidencia. Yo diría que de todas las opciones sólo hay uno que tiene el futuro asegurado, las descargas a través de Internet que quedan lejos del control de las discográficas. La lucha quedará, por tanto, entre los que quieran el resto del pastel.

Satya Nadella y la naturaleza de la nueva Microsoft

Foto: David Paul Morris/Bloomberg via Getty Images

Foto: David Paul Morris/Bloomberg via Getty Images

Cuando se nos menciona la palabra Microsoft, muchos de los que vivimos en el mundo de la informática no podemos evitar imaginar una empresa del pasado, una empresa que fue innovadora en su día pero que hoy sigue viva gracias a la penetración que tiene en el sector profesional. Vemos una empresa que no hace más que seguir adelante vendiendo licencias de Windows y Office y que por si fuera poco es dueña del navegador que parece haber sido concebido para romper Internet. Todo esto sin mencionar que es el enemigo número uno de los defensores del software libre.

Después de años bajo la dirección de Bill Gates y con el paso de Steve Ballmer una vez que el primero salió de la primera plana, la imagen que se tenía de su empresa no varió demasiado. Si bien es cierto que en estos años han intentado innovar en diferentes áreas nunca se llegó a ver una compañía diferente detrás de estas acciones y las formas tradicionales de Microsoft siempre seguían ahí. Sin embargo últimamente, ya bajo la dirección de Satya Nadella, la corporación que lleva el nombre de Microsoft parece otra en muchos aspectos.

Para empezar han dado el salto a un modelo de suscripción en Office, uno de los productos que más rédito económico les proporciona, mediante el servicio Office 365 (para ser justos hay que mencionar que este cambio empezó con Steve Ballmer como CEO). Internet Explorer, navegador que parecía que estaría entre nosotros para siempre, ya tiene un sustituto llamado Spartan Edge. La plataforma para desarrolladores conocida como .NET pasó recientemente a ser de código abierto, sorprendente paso teniendo como protagonista a uno de los mayores exponentes del código privativo. Después de décadas centrados en sus propias plataformas y habiendo prácticamente ignorado las del resto, los de Redmond han empezado a ofrecer su software en plataformas de terceros: tenemos Office para Android y iOS, se está viendo mucho interés desde Microsoft por estar presente en el ecosistema del Apple Watch y se acaba de presentar un nuevo editor de texto, Visual Studio Code, que estará disponible para Windows, Mac OS y, atención, Linux. Todos estos hechos son un claro exponente de que algo está cambiando.

Parece claro que Nadella tenía sus propias ideas de cómo debería ser el futuro de su empresa y se está viendo que dichas ideas empiezan a plasmarse en planes concretos. Sabiendo, además, que el último CEO de la compañía viene de la división cloud es de esperar que dicha división sea una de las que más empuje los pasos de la empresa. A pesar de que ya se había comenzado con ello, últimamente Microsoft está trabajando a destajo en servicios online para traer al siglo XXI sus productos tradicionales. El avance en servicios como Azure o OneDrive deja bastante claro que el creador del sistema operativo más famoso del mundo quiere acortar distancias respecto a los nuevos gigantes surgidos en la era de Internet.

Si conseguirá éstos objetivos o no entra dentro de otro debate pero no puede negarse que la actual Microsoft no tiene el mismo olor que la dirigida por Steve Ballmer.

Pero a pesar de todo no deberíamos esperar que la empresa de Nadella rompa totalmente con el pasado. Microsoft no va a convertirse en Mozilla o lo que es lo mismo, sus principales productos seguirán manteniendo su código en secreto; Windows y Office seguirán siendo la piedra angular del negocio y la empresa en ningún caso dejará su posición en el mercado empresarial. En cualquier caso, sin esperar una revolución dramática, será interesante ver la evolución de esta nueva Microsoft.