Que un puesto de trabajo tóxico no destruya tu vida

toxic_nightmare_by_kornolho-d3cx5b3Ya está otra vez en despertador haciendo ruido. No hay más remedio que levantarnos de la cama y ponernos de camino hacia eso que tenenos que hacer todos los días para sobrevivir. Ya habréis inferido que estoy hablando de nuestro puesto de trabajo. Sí, eso que todos nosotros tenenos que hacer día tras día. Podemos tomarnos ésto que nos pasa cada mañana con diferente humor pero siendo algo que no vamos a poder cambiar más nos vale dedicar todas nuestras fuerzas a encarar las horas que tenenos por delante de forma positiva, más que nada por nuestro bien.

Ya sé que ésta es una de esas cosas que es mucho más fácil de decir que de hacer ya que no siempre nuestros puestos de trabajo son los que nos gustarían, o incluso ni siquiera tenenos uno dada la situación de hoy en día. Pero no nos limitamos a esos casos. Incluso en casos de gente con trabajo en el sector de su elección encontramos personas que no están a gusto con su situación. ¿Somos otra vez víctimas de esa extraña habilidad para no ser nunca felices? En algunos casos seguro que sí, ¿pero siempre? ¿Y si en estas situaciones en problema fuera la propia empresa? Lo cierto es que no es extraño ver lugares de trabajo totalmente tóxicos, de esos que no importa qué tipo de gente incorporen porque nunca van a ser del gusto de nadie.

En el sector de la tecnología en el que me muevo cuando se habla de este tipo de empresas enseguida afloran las llamadas ‘cárnicas’. En ellas lo que se espera de sus trabajadores no es más que hacer, hacer y hacer. No importa cuantas horas se dediquen y cómo se hagan las cosas pero no alcanzar el objetivo no es una opción. Es cierto que en esta situación hay gente que termina totalmente quemada pero tampoco diría que estas empresas sean sinónimo de experiencias negativas. Cada persona es diferente y habrá personas a las que les guste trabajar de ese modo e incluso les parezca aceptable dicha metodología.

Yo pienso que al final lo que hace que una situación se decante hacia un lado u otro son las propias personas y la cultura corporativa generada de la relación entre ellas. En el día a día la gente necesita motivación porque este es el motor que hace que las compañías se muevan. ¿Y cómo se puede motivar a un grupo de gente? La respuesta fácil: con un buen sueldo. Lo que es un buen salario lo decide cada individuo pero es verdad que si la plantilla de una empresa percibe que cobra menos de lo que debería, cualquier esfuerzo que se les pida desde la dirección les parecerá desmedido. Pero en realidad siempre habrá alguien que pague mejor así que si el atractivo de una compañía se limita a sus salarios ésta tendrá verdaderos problemas para retener el talento.

¿Qué se puede hacer entonces para conseguir que la plantilla se quede donde está? Como mínimo tratar a la gente como personas adultas. Cada uno tiene su vida y una empresa no debería postularse como una alternativa a dicha vida. El meter horas por el mero hecho de meter horas hace tiempo que debería haber sido erradicado. Cada uno sabe, o debería, cuáles son sus quehaceres y desde la empresa no debería ponerse en duda por defecto el compromiso de su gente. Hacer lo contrario ahoga la motivación y en muchos casos genera falta de confianza en el seno de los equipos. Otra buena costumbre: no hacer como si tus empleados fueran tontos. No puedes estar vendiendo ciertos valores de la compañía si luego éstos no aparecen por ningún lado. Si pasa esto al final la gente se sentirá engañada. No son pocas las empresas que se llenan la boca hablando de que tienen equipos de alto rendimiento pero en realidad no hacen más que ofrecer sus trabajadores a terceros a modo de externos.

Pero bueno, parece que el objetivo de esta entrada no es otro que criticar a los gestores de las empresas, cuando ésta no es ni mucho menos su intención. En grupos de trabajo en el que los miembros están al mismo nivel también se dan comportamientos que muestran que la empresa, o al menos dicho grupo de trabajo, es tóxica. Si algo supone el trabajo, eso es tener que relacionarse con otras personas, relación en la que todo el mundo tiene unos objetivos comunes. Los problemas aparecen cuando cada miembro del equipo lucha por defender sus propios intereses, momento en el que comienza la falta de confianza, desaparece el trabajo en equipo y se ve claramente cómo baja la productividad.

Al trabajar en equipo cada componente del mismo debería tener la solidaridad y la confianza en los demás como primer objetivo a cumplir. Es indispensable hacer propios los errores de otro y prestarle la ayuda necesaria para enmendar la situación. Es muy común el tipo de persona que echa la culpa de sus propios errores a un tercero, normalmente para no quedar mal delante de algún superior. Este hecho corta de pleno las capacidades del equipo ya que nadie hace nada para no arriesgarse a fallar, cada uno hace lo mínimo cada día y punto. Incluso se llega a dejar de prestar ayuda a compañeros por miedo a que nos dejen vendidos ante algún imprevisto.

Otro tipo de gente que muestra falta de solidaridad es el ‘traficante de información’. En los últimos años se ha popularizado mucho ese mantra que habla de que la información es poder y hay algunos que llevan esto hasta los límites. En vez de compartir toda la información posible con todos los interesados, estos individuos se la quedan para ellos. Se creen que de esta forma se hacen imprescindibles en la empresa y que nadie les echará a la calle porque son los únicos que saben hacer algo concreto. Estas personas son también tóxicas y su filosofía es completamente egoísta. No dudarán en pisar a cualquier compañero si lo necesitan para salvar su culo o conseguir alguna mejora en su situación laboral.

¿Pero qué hacer para reconducir la situación?

Cuando nos encontramos con un panorama como este muchas veces la oficina es un auténtico infierno. Es el tipo de oficina en el que cada cual lucha constantemente para no perder su estatus mientras que el trabajo realmente importante se queda en un segundo plano. Cuando esto pasa ya se puede decir que tanto nosotros como nuestros compañeros hemos perdido toda profesionalidad.

¿Qué se puede hacer entonces para no llegar a esta situación? Una regla de oro: predica con el ejemplo. Somos nosotros los que en primera instancia debemos demostrar que sabemos trabajar en equipo. Concede a tus compañeros el derecho a fallar, tarde o temprano seremos nosotros los que cometeremos algún error. Cuando alguien haya hecho algo mal, que todo el equipo analice de forma constructiva las razones para poder encontrar soluciones de cara a que no se repita, evitando siempre entrar en la dinámica de acusaciones que no va a llevar a ninguna parte. En el caso opuesto, si el que ha metido la pata es uno mismo lo que deberíamos hacer es aceptarlo abiertamente y no ponernos a buscar excusas o responsables donde no los hay.

Ante cualquier tarea a realizar, el responsable tendrá muchas más probabilidades de hacerla mal si no dispone de toda la información que precisa. Por esta razón, deberíamos poner toda la información relevante para cualquier cosa encima de la mesa lo antes posible ya que de no hacerlo estaremos contribuyendo a una posible pérdida de tiempo para el equipo, y por ende a nosotros mismos. Los imprevistos o el tener que estar continuamente haciendo suposiciones debido a la falta de certezas causan siempre una paralización de los proyectos.

Resumiendo, la única forma de estar legitimado para pedir mejoras al resto es que uno mismo sea consecuente con lo que pide de los demás. Antes mencionaba a algunas empresas que venden una cosa cuando en realidad hacen otra. ¿Con qué cara pueden pedir cambios a la gente si son ellas mismas las primeras que deberían aplicarse el cuento?

Pues eso, hay que ganarse la autoridad con hechos, no con palabras, y a partir de ahí proponer cosas de forma honesta para intentar ir a mejor. Con un poco de suerte se podrá conseguir algo.

¿Y qué pasa si no hay suerte?

Los humanos tenenos todos algo en común: vemos los cambios como una amenaza y las críticas, incluso las constructivas, como insultos. Cuando nos vemos en una situación así ponemos todo nuestro inmovilismo sobre la mesa para intentar mantener el statu quo. Lo que quiero decir con esto es que no siempre las cosas se pueden arreglar y que siempre nos encontraremos con gente y empresas que ayer, hoy y mañana serán tóxicas. Ante esto poco puede hacerse. Llevan tanto tiempo en esa dinámica de autodestrucción que no conocen otra forma de vivir y absorben a cualquiera que se acerque a ellos. Ya sé que la situación social de hoy en día es bastante complicada para muchos y que por lo tanto mi consejo puede ser un poco delicado pero mi experiencia me dice que si vemos que arreglar las cosas no es posible lo mejor es buscar otro puesto de trabajo y dejar el actual. Como digo, puede que en mi sector hacer esto sea más factible pero en cualquier caso creo que si un trabajo se va a llevar nuestra vida por delante la única salida es poner una solución antes de que sea demasiado tarde.

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