Podemos esperar un final de año caliente en la industria de la música

La música y el imperio que ha crecido en torno a ella siempre ha dado para muchos debates, sobre todo después de que se expandiera ese invento llamado Internet. Como digo cada vez que hablo sobre esta industria, las cosas cambiaron para siempre impactando a todos los que hacen negocio alrededor de la música.

Los hábitos de consumo y distribución sufrieron una revolución y la importancia que tenían los discos físicos se evaporó en poco tiempo. Primero llegaron las redes P2P, que permitían compartir música escapando totalmente al control de las discográficas y que dieron para numerosas polémicas y procesos judiciales. Más tarde, con el desarrollo de los servicios de conexión a Internet, conocimos los servicios de música en streaming. Este paradigma que tiene como su máximo exponente a Spotify es el principal modo de consumo de música en la actualidad y permite que las discográficas tengan un mayor control sobre la distribución. Es cierto que este modelo no les da el poder absoluto que tenían en la época en la que se dedicaban a vender plástico pero al menos no les supone tener un mundo paralelo como el que propiciaron herramientas como Napster.

Parece que con esto la industria habría encontrado una forma de subsistencia, pero en realidad su sed no se ha visto satisfecha. El negocio de la música sigue siendo una lucha a vida o muerte, no sólo por la competencia entre discográficas, sino también por la lucha que éstas mantienen contra sus propios clientes. Esto sin mencionar que el esquema de ingresos al que tienen que hacer frente es mucho menos favorable ahora.

Antes he mencionado a Spotify, sin duda el servicio de música en streaming más conocido. A pesar de ello, su posición de liderazgo no le asegura la rentabilidad. De momento no existe ningún servicio de este tipo que esté dando beneficios ya que resulta bastante complicado conseguir una base de usuarios de pago. Por ejemplo, de los 60 millones de usuarios de Spotify, 45 hacen uso de la modalidad gratuita del servicio, que se financia con publicidad. El ofrecer la música de forma gratuita fue una concesión que tuvo que hacer la industria para luchar contra las redes P2P puesto que quedó más que claro que el esquema de precios imperante anteriormente ya no era aceptado por los clientes.

Por todo esto, no parece que en el mundo de la música el descubrimiento de este nuevo modelo de negocio sea considerado como una salvación. El debate sobre los beneficios que obtienen los músicos de estos nuevos servicios siempre ha estado sobre la mesa. De hecho hay casos muy sonados de artistas que dejan Spotify por esta razón como Taylor Swift o Thom Yorke. Y aquí entramos en un punto interesante: ¿Paga poco Spotify o es que el dinero se reparte entre demasiados intermediarios? No tengo los datos necesarios como para dar una respuesta pero lo que sí es cierto es que Spotify paga directamente a las discográficas para que sean éstas las que se encarguen de repartirlo como crean conveniente. Sería bastante interesante estudiar el flujo del dinero una vez lo reciben las discográficas.

Ante esta situación los artistas no se han quedado de brazos cruzados. Últimamente se ha hablado mucho sobre Tidal, un servicio de música alternativo que tiene detrás a varios músicos y cuyo principal punto diferenciador es que quiere pagar un mayor porcentaje a sus colegas. Para ello Tidal prescinde de un modelo gratuito y se lanza a ofrecer una suscripción de 10 dólares mensuales que quiere justificar ofreciendo no sólo música, sino también videoclips a una calidad mayor que sus competidores. En mi humilde opinión esta elección no es demasiado acertada ya que creo que el pretexto de la calidad no va a ser suficiente para convencer a los usuarios de que merece la pena pagar.

Continuando con los modelos gratuitos, parece que esta forma de ofrecer música tiene cada vez más enemigos. Y es que parece que el nuevo dueño del eternamente esperado servicio Beats Music, el gigante Apple ni más ni menos, está presionando para que Spotify elimine su modalidad sin coste. Al parecer esta actitud tiene el objetivo de facilitar la llegada al mercado de Beats, ya que este llegaría bajo suscripción. No sé hasta qué punto se le puede dar veracidad a este rumor, yo al menos veo bastante complicado que el resto de servicios modifiquen sus ofertas porque lo diga Apple, a no ser que la empresa de Cupertino tenga una baza desconocida con la que presionar. En cualquier caso, parece evidente que Beats llegará durante el 2015 y a buen seguro traerá alguna idea interesante que animará el sector.

No sabemos hacia donde se moverá la industria musical pero está claro que el camino no será para nada tranquilo. Veremos juicios sin descanso como ha pasado en la última década. Que se lo pregunten si no a los dueños de Grooveshark. Después de un proceso judicial de varios años los responsables del servicio han llegado a un acuerdo con los poseedores de los derechos musicales por lo que se han visto obligados a cerrar sus puertas. No sólo eso, si uno lee el comunicado de la empresa afectada se podría pensar que la sentencia les obligaba a autoflagelarse.

Muchos servicios, mucho debate pero sobre todo mucha gente con ganas de escuchar música. La industria de la música no volverá a ser la misma, la situación de la que disfrutaban hace diez años no se va a dar otra vez y por lo tanto está en sus manos tomar la decisión de adaptarse al nuevo escenario o quedarse atrás. Hay una cosa que deberían tener clara, y es que si bien no todos van a estar dispuestos a pagar, los usuarios no van a dejar de escuchar música y los que quieran vivir de esto tendrán que estar preparados con un servicio decente cuando lleguen aquellos usuarios que sí van a mover su bolsillo.

Spotify, Beats, Tidal, Xbox Music, Google Play Music, Pandora, Rdio… Quizás demasiados servicios, y más si todos ofrecen lo mismo. Me atrevo a vaticinar que al final quedarán unos cuantos vencedores y el resto tendrá que rendirse ante la evidencia. Yo diría que de todas las opciones sólo hay uno que tiene el futuro asegurado, las descargas a través de Internet que quedan lejos del control de las discográficas. La lucha quedará, por tanto, entre los que quieran el resto del pastel.

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