Sobre cómo un poco de libertad puede mejorar las empresas desde dentro

Hoy vengo con una experiencia personal. Hace una temporada en mi empresa se cambió la organización interna, dando cierta oficialidad a los diferentes departamentos que ya existían previamente. Con este cambio los distintos grupos que hay en la empresa conseguían más autonomía para desarrollar sus propios procesos internos.

Yo trabajo en el departamento de desarrollo de software y creo que el cambio de organización ha supuesto una mejora para el mismo (y por ende para toda la empresa). Desde el mencionado momento un grupo de personas entre los que me encuentro tomamos la determinación de mejorar el departamento sin que nadie lo pidiera previamente y sin prácticamente hablarlo de forma explícita entre nosotros. Es como si el cambio en la empresa hubiera roto unas cadenas invisibles y que todos vimos que las cosas podían mejorar al mismo tiempo que veíamos que teníamos la libertad para hacerlo.

Hasta el momento no habíamos hecho otra cosa que identificar los problemas pero por alguna razón nunca tomamos una actitud activa. Es posible que pudieramos haber tomado la decisión de intentar solucionar las cosas antes pero más vale tarde que nunca. Por lo tanto teníamos todos los ingredientes para empezar a mejorar los procesos que usábamos a diario: la capacidad de empujar un cambio por nuestra cuenta, tener identificados un número de problemas y sobre todo un grupo de gente muy buena con ganas de tomar responsabilidades.

Pienso que todavía nos encontramos en el inicio de este proceso, a pesar de que ya hemos dado pasos de gigante en la buena dirección. Entre los problemas que veíamos en nuestra empresa desde nuestro punto de vista de desarrolladores se encontraban la falta de automatización de herramientas y procesos, falta de sincronización en el trabajo en equipo, la calidad del propio código generado o no estar al tanto de las herramientas más de moda en el mundo del desarrollo.

Como he mencionado más arriba prácticamente sin hablarlo de antemano nos pusimos, primero cada uno por nuestra cuenta y más tarde en equipo, manos a la obra para atajar los problemas. De este modo se organizaron charlas para todo el departamento (Angular.js, Grunt, Bower, SASS), se empezó a investigar en herramientas para mejorar la calidad del código y conseguir automatizar procesos (SonarQube, buscar nuevas formas de hacer uso de un Jenkins que ya estábamos usando, herramientas de testing como Jasmine y Selenium, la implementación de Git Hooks) y el desarrollo de documentos de calidad, buenas prácticas y estilo de código que servirán para subir el listón de la exigencia en nuestros desarrollos.

Todo esto de momento no hace más que demostrar buenas intenciones, ganas de mejorar y una autocrítica productiva por parte del equipo. El verdadero reto comienza ahora: empezar a usar las mejorar diseñadas. Al principio tendremos que ser nosotros mismos los que debamos aplicar eso en lo que hemos estado trabajando pero al mismo tiempo deberemos de convencer a la gente de que estos cambios son interesantes. No sería la primera vez que debido a las exigencias del día a día nos vemos obligados a realizar nuestras tareas de forma rápida y sin pensar demasiado en cómo lo estamos haciendo, y por eso mismo sabemos lo difícil que es mantener los compromisos con la calidad.

Aún así, empecemos por el principio y tomemos este cambio de dinámica como una primera victoria. Esta historia me enseña que aún a sabiendas de que las cosas están mal muchas veces no hacemos más que quejarnos de los efectos provocados por los problemas que nos acucian, como pretendiendo que desaparezcan por sí solos. Si sabiendo que las cosas se pueden mejorar no nos movemos, estamos aceptando la condena de convivir con las ineficiencias. También hay moraleja para las direcciones de las empresas: si teniendo gente buena entre sus filas se les da un poco de libertad a demás de únicamente responsabilidad, se podrá poner todo su talento al servicio de todos. Lo digo de verdad, un grupo de gente así no lo pagará ninguna enpresa con dinero. No por ser mejor que otros ni mucho menos, sino por ser capaces de convertir la autocrítica en una mejora los procesos internos de las compañías.

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