El ocaso del 3D que no puede competir contra la alta definición

La industria de los contenidos audiovisuales se encuentra en medio de un cambio de época. En este momento en el que tenemos acceso a la red en todas las casas, la forma de consumir vídeos y películas ha cambiado por completo obligando a la mencionada industria a adaptarse a la nueva situación.

La ‘caja tonta’ que tenía seis o siete canales es cosa del pasado. Hoy en día la oferta de canales es mucho más amplia (dejaré para otro día el debate sobre la calidad de esta oferta) y las televisiones de hoy en día ofrecen más funcionalidades además de la simple reproducción de contenido. La llegada de Internet no ha pasado desapercibida para estos dispositivos y los fabricantes acompañan a sus televisores de servicios basados en la red. También tenemos el vídeo bajo demanda que nos permite ver lo que queremos cuando queremos, sin tener que estar a expensas de la programación de la televisión en directo. Si aún así hay algún programa que sólo está disponible por la vía clásica hoy en día son muchos los sistemas que incluyen la opción de grabar contenido. En resumen, muchas novedades para adaptar la televisión a los tiempos que corren.

Sin embargo esta modernización no está resultando un camino de rosas, por un lado porque a los actores tradicionales de la industria les ha salido competencia basada enteramente en Internet, poniendo en peligro su modelo de negocio, y por otro lado porque no siempre es sencillo introducir los avances tecnológicos en el mundo de la televisión. Por ejemplo, de momento nadie ha sido capaz de conseguir una experiencia de usuario adecuada que permita navegar por la red utilizando la televisión, simplemente porque no se ha logrado una interacción cómoda para el usuario.

Al hilo de todo esto, cabe mencionar la tecnología de tres dimensiones. Esta tecnología es conocida desde hace bastantes años pero no ha sido hasta hace dos o tres cuando se ha introducido en serio en el cine y la televisión. La industria quería que fuera la innovación que le ayudara a suavizar su crisis, y así nos la vendieron. Las grandes superproducciones de Hollywood llegaron en versión 3D a las salas y poco tiempo después aparecieron las televisiones que llevaban la nueva experiencia a los salones.

¿Y ahora qué? Parece ser que la tecnología que iba a revolucionar la forma de ver cine se ha ido apagando poco a poco. Ya no hay tanto marketing como al principio y aunque las películas en 3D siguen ahí, parece que no han sido tan exitosas como la industria esperaba.

Mi propia experiencia va por el mismo camino. Las películas que he visto en 3D no me han proporcionado una mejor experiencia, de hecho todo lo contrario. Ver una película en tres dimensiones suponía para mí pagar más dinero para además salir con dolor de cabeza de la sala. Es posible que haya tenido mala suerte, o que no haya escogido las mejores salas, pero la verdad es que las tres dimensiones no han supuesto para mí ningún avance.

Además parece que la industria ha visto esta decadencia y cada vez se ven más empresas que dejan la mencionada tecnología a un lado para apostar por la nueva esperanza del cine: las resoluciones 4K.

Quién sabe, tal vez de aquí a unos años mejoran un poco más la tecnología y el 3D llega a ser exitoso pero parece que de momento habrá que esperar para eso.

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